Claves del día de Jose Antonio Vizner
No deja de sorprenderme el espectáculo que nos ofrece Donald Trump. Su tono sarcástico cuando le preguntaron si Keir Starmer le ha persuadido de evitar los aranceles es casi una declaración de intenciones: “Sí, sí, lo ha intentado”. Y con esa ironía comienza un nuevo capítulo en la guerra comercial. Wall Street ya está sintiendo el golpe, y la historia nos recuerda que estos movimientos tienen consecuencias. No puedo evitar pensar en 1929. Nos dirigimos a una recesión y Trump parece anticiparlo, como si fuera un actor que ya conoce el final de la película.
Bitcoin tampoco se salva de la tormenta. En un año donde muchos esperaban que fuera el refugio dorado en tiempos de incertidumbre, ha caído un 25%. Y solo en estos días, ha perdido un 6%. Es un reflejo de la desconfianza del mercado, de un futuro cada vez más incierto.
Asia tampoco está quedando inmune. La producción en Japón ha sufrido un golpe indirecto y los futuros europeos no son ajenos a la situación. El petróleo cae y el consumidor, como siempre, es el primero en sufrir las consecuencias. La confianza se debilita y, mientras tanto, el dólar se fortalece, impulsado por las tarifas. Parece una ironía: en un mundo que se tambalea, la moneda estadounidense es la que mejor resiste, al menos por ahora.
En medio de este caos, Zelensky se prepara para firmar un acuerdo con Trump sobre minerales. Aquí es donde el mercado vuelve a ser protagonista. Bravos Research advierte sobre el impacto de los aranceles del 25% a Europa y muestra un gráfico que nos retrotrae a 1937. La historia parece repetirse: inflación en alza, la Reserva Federal en una encrucijada y la amenaza de una caída de los beneficios empresariales. ¿Qué hará la FED? Parece querer bajar los tipos de interés, pero la inflación no le dará margen hasta que el golpe sea más fuerte. No es la primera vez que vemos este ciclo.
Lo que me preocupa es que este juego de tarifas y proteccionismo nos recuerda a la arrogancia de Herbert Hoover en 1929. Creía que el mercado era indestructible hasta que se desplomó. Ahora, el inversor solo se pregunta si esta recesión será una corrección pasajera o una crisis profunda. El consumidor, por su parte, está al límite. El desplome de la moneda FIAT, la caída del valor de la vivienda y el peso de la inflación están asfixiando a las familias. No es difícil ver hacia dónde nos dirigimos.
Las ventas minoristas caen, y eso es un claro indicio de lo que se viene: desempleo. No hay mucho misterio en esto. Si el consumidor deja de gastar, las empresas sufren y el desempleo aumenta. Y a Wall Street no le está gustando nada este panorama. Mientras tanto, Trump sigue adelante sin frenos, implementando tarifas como si no hubiera un mañana. Desde 1949, los ciclos económicos han demostrado que este tipo de medidas suelen desembocar en recesiones profundas. La FED de Atlanta ya nos advierte: nos dirigimos a un aterrizaje duro.
Y en el frente geopolítico, Trump sigue moviendo sus fichas. Quiere poner fin a la guerra en Ucrania, pero su confianza en Putin me resulta inquietante. “Mantendrá su palabra. Lo conozco desde hace mucho tiempo”, dice sobre el líder ruso. Y respecto a Zelensky, anuncia que firmarán un acuerdo para explotar tierras raras, minerales, petróleo y gas en Ucrania. Mientras la UE cierra acuerdos de préstamos con Ucrania, Trump se distancia, culpando a Biden de los 350.000 millones de dólares que, según él, se han perdido.
El escenario está claro: mercados en caída, una recesión en el horizonte, consumidores cada vez más débiles y una guerra comercial que apenas ha comenzado. Trump juega su partida con la economía global como tablero, pero ¿quién pagará el precio? La respuesta ya la conocemos: nosotros.